Enviado por Beatriz Menendez
Escribe Raúl H. Rodríguez Chalco*
El
jueves por la noche, mientras intentaba concentrarme en las opiniones de
políticos, población en general y analistas en torno a la renuncia irrevocable
de los ahora ex-ministros de las carteras de Defensa y del Interior, me entero
que Juan Luis Cipriani, arzobispo de la Diócesis de Lima y, a la par, Cardenal
del Perú, había prohibido que el sacerdote Gastón Garatea realice sus labores
pastorales en el ámbito de la jurisdicción eclesial de la que es arzobispo: la
diócesis de Lima.

Gastón
Garatea tiene una más que interesante hoja de vida en favor de los más
desposeídos. Varios años de su labor pastoral las realizó en la Prelatura de
Ayaviri, en la región Puno, allá en los años en que la Iglesia del Sur Andino
estaba verdaderamente comprometida con los pobres, es decir, en armonía
completa con la Doctrina Social de la Iglesia, esa que denunciaba la violencia
estructural, la que hablaba de la opción preferencial por los pobres y se
comprometía con los desposeídos.
Luego,
una vez que se trasladó a vivir en Lima, fue convocado para formar parte de la
Comisión de la Verdad y Reconciliación en donde tuvo un papel protagónico,
sobre todo, en lo que dicha comisión trabajó con lo sucedido en el departamento
de Puno.
Años
después, en el gobierno de Alejandro Toledo, fue invitado a presidir la Mesa
Nacional de Concertación y Lucha Contra la Pobreza en donde logró poner en
marcha gran parte de las mesas de concertación departamentales. A la par, se
rodeó de investigadores e intelectuales de prestigio, quienes, con una lectura
de lo que pasa en el país desde los de abajo, concretaron una serie de
propuestas alternativas al modelo de desarrollo y acumulación vigente.
Aunque
es cierto que todos estos esfuerzos cayeron en saco roto, pues ni el mismo gobierno
de Alejandro Toledo que lo convocó, ni el de Alan García pusieron en marcha el
conjunto de sugerencias y propuestas de la Mesa de Concertación, Gastón Garatea
siguió nadando contracorriente. Hace unos días, en Semana Santa, afirmó: “el
celibato está bien para los que viven en congregaciones, como yo, pero no para
los del clero secular que viven en sus casas” y no le falta razón… acaso no
conocemos a más de un sacerdote cuyos hijos, para guardar las apariencias, se
dirigen a él como “tío”. Siempre sobre la Iglesia Católica, también dijo: “Se
preocupan más en la ley que en el espíritu, se habla más del canon y no tanto
del Evangelio” y, otra vez, tiene razón, pues hoy, los sectores más
conservadores de la iglesia imponen el catecismo por encima de la Biblia,
prefiriendo que los feligreses repitan de paporreta los preceptos creados por
los mismos obispos conservadores, antes que leer la Biblia e interpretarla.
Este
breve recorrido del accionar de Gastón Garatea explica el por qué Juan Luis
Cipriani, arzobispo de Lima, lo haya suspendido en sus labores pastorales. En
realidad, es su activa participación en la Comisión de la Verdad y
Reconciliación en la que todos sus miembros, incluido Gastón Garatea, afirman
que siendo Ayacucho el departamento cuya población más ha sufrido los embates
del terrorismo así como la violación de los derechos humanos de parte de las
fuerzas del orden, la labor pastoral de la Iglesia Católica en Ayacucho,
precisamente cuando Juan Luis Cipriani fue el obispo, dejó mucho que desear,
dado que nunca dijo nada sobre ello, guardando permanente silencio. Es más,
parte importante de la población sobreviviente asegura que en la puerta del
obispado Juan Luis Cipriani mandó colgar un aviso en el que se leía: ACA NO SE
ATIENDEN CASOS DE DERECHOS HUMANOS…
Pero,
no es la primera vez que Juan Luis Cipriani suspende sus labores pastorales a
un sacerdote. Años atrás, el padre Gustavo Gutiérrez Merino, párroco del Rímac,
animaba a diferentes grupos de mujeres, hombres, jóvenes y niños. Asesoraba a
jóvenes universitarios que se reunían en comunidades de reflexión, la Unión
Nacional de Estudiantes Católicos, UNEC, era el más prominente profesor de la
Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y publicó
el conjunto de sus reflexiones en el libro de mayor éxito que escritor peruano
había publicado hasta esa fecha, la Teología de la Liberación.
Gustavo
Gutiérrez traspasó las fronteras peruanas, sus reflexiones fueron
entusiastamente recibidas en todos los círculos de reflexión teológica y hasta
en diferentes Conferencias Episcopales, tan es así que el texto de la
Conferencia Episcopal Latinoamericana reunida en Medellín, allá por el año
1,968, asumió lo fundamental de su planteamiento y el mundo entero incorporó
sus reflexiones como un verdadero aporte. Excepto, claro está, los sectores
conservadores que perdieron piso con Juan XXIII, el Papa bueno que convocó al
Concilio Vaticano II, entre los que se cuentan a los numerarios del Opus Dei, a
cuyo orden pertenece Juan Luis Cipriani. Así, Gustavo Gutiérrez fue acusado de
falsear la doctrina de la iglesia, de reducir la reflexión teológica a los
planteamientos de las ciencias sociales y hasta de ser marxista. En reiteradas
ocasiones fue convocado a Roma para que explique sus reflexiones y se le impuso
que, antes de publicar sus artículos y libros, estos debían pasar por la
revisión de la temible Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por
el, en ese entonces, Cardenal Joseph Ratzinger, hoy convertido en el Papa
Benedicto XVI y que nunca declaró a Gustavo Gutiérrez como un falseador, como
pretendían sus acusadores.
No
contento con el carga-montón en contra de Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Cipriani
lo castigó prohibiéndole que desarrolle sus labores pastorales en la Diócesis
de Lima, lo retiró de la parroquia del Rímac e intentó influir para que no
siguiera dictando clases en la Universidad Católica. Gustavo Gutiérrez buscó y
encontró amparo en la Congregación de Santo Domingo, cuyos miembros son más
conocidos como dominicos, bajo cuya custodia, puede dictar conferencias en
Lima, lugar del que Juan Luis Cipriani intentó erradicarlo en todos sus
sentidos.
Hay
que decirlo con toda claridad, suspender a un sacerdote en sus funciones
pastorales es algo muy grave. Si las comparaciones valen, es como prohibirle a
Lionel Messi que juegue pelota, como prohibirle a Alan García que hable o coma,
como prohibirle a un jefe de la página editorial de cualquier medio de
comunicación a que no escriba editoriales o comentarios periodísticos.
La
Iglesia Católica del Sur Andino peruano y Puno no son ajenos a este tipo de
comportamiento de sus obispos. En Cusco, siendo el arzobispo Alcides Mendoza,
sacerdote con grado de general, dado que era el capellán del Ejército Peruano,
prohibió al sacerdote Andrés Gallego García a que realizara sus labores
pastorales en el ámbito de la Arquidiócesis de Cusco. La razón de fondo fue que
el sacerdote era el director ejecutivo del Instituto de Pastoral Andina,
institución que dependía del conjunto de obispos del sur andino peruano, pero
con el que el arzobispo y general tenía serias contradicciones y, para
saldarlas, no se le ocurrió mejor idea que suspender a Andrés Gallego en sus
funciones sacerdotales.
En
Puno, el obispo Jesús Calderón Barrueto, que inicialmente perteneció y activó
con fuerza el mismo Instituto de Pastoral Andina, prohibió al sacerdote Luis
Jesús López a que realizara sus labores pastorales en el ámbito de la Diócesis
de Puno, debido a que, cuando el obispo cambió de posición, pasándose de una
pastoral de conjunto y de clara opción preferencial por los pobres a una
pastoral sacramentalista, encontró en Luis Jesús López una posición coherente
con las pastoral de conjunto y con amplio y consistente arraigo con los
feligreses, tanto de Asillo como en Juliaca y gran parte de la misma Diócesis
de Puno.
Muy
cerca de acá, en la Prelatura de Juli, que abarca a las provincias aymaras, el
obispo José María Ortega Trinidad, el actual obispo de esa jurisdicción
eclesial, llegó al mismo objetivo cuando no renovó el contrato de los padres y
hermanas de Maryknol impidiéndoles así que continuaran con su trabajo, por
demás comenzado hace ya más de cincuenta años, pues no hay que olvidar que,
además de hacerse cargo de muchas parroquias a lo largo y ancho del
departamento de Puno, fueron quienes fundaron Radio Onda Azul, el Instituto de
Educación Rural de Juli y la hoy fenecida Vicaría de Solidaridad de la
Prelatura de Juli. A propósito, ¿qué es de este obispo que, según los cánones
eclesiales, debe de permanecer en su jurisdicción eclesial, quien, según todos
los testimonios, está fuera de Juli desde hace más de un año?
¿En
qué se parecen todos estos obispos que prohíben a sus sacerdotes a realizar sus
labores pastorales? En que son intolerantes, en que si piensan y hablan de
democracia, lo hacen de la boca para afuera, en que son profundamente
autoritarios y verticales, cosas que no van con los “signos de los tiempos”.
Para terminar, José María Ortega Trinidad, el obispo que ha abandonado la
Prelatura de Juli y el arzobispo de Lima, Juan Luis Cirpiani, son numerarios
del Opus Dei, una de las corrientes eclesiales más conservadoras y ponzoñosas
que viven al interior de la Iglesia Católica.
(*)
Periodista y Sociólogo
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Blanca
María Cayo Quintana
51.1.263
0206 - Movistar 999518471
Almirante
Grau 340, Dpto. 203,
San
Miguel, Lima 32
Juan Luis Cipriani esta en toda la razon en la biblia dice hay que saber obedecer a nuestros superiores y dice tambien quien hacen esa cosas de homosexualidad,adulterio no entraran al reyno de los cielos.
ResponderEliminarEl que obedece no se equivoca, la iglesia no hubiera sobrevivido tanto tiempo si no tuviera una organizacion jerarquica y vertical, por ello, la iglesia y el ejercito son las organizacion mas antiguas del mundo.
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