Discurso de Orden en el Acto
Fundacional del “Foro-Red Paulo Freire – Perú”
Por Alfonso Lizarzaburu
“Seguir-me é não me seguir;
é reinventar-me”
Paulo Freire, Pedagogia
da indignação[i]
Queridos amigos y amigas:
Hoy
puedo decir con una intensa y serena alegría –con palabras de Ernesto Sabato en
su luminoso y vivificante libro La resistencia– que me he levantado con
una “esperanza demencial” porque “siento que las posibilidades de una vida más
humana están al alcance de nuestras manos”.[ii]
¿De
dónde surge este peculiar sentimiento? Pues simple y sencillamente de que nos
encontremos reunidos hoy para conmemorar el octogésimo tercer aniversario del
nacimiento de nuestro amigo y maestro Paulo Freire de una de las maneras que
probablemente más lo habrían gratificado: uniéndonos en el “Foro-Red Paulo
Freire – Perú” para seguir impulsando apasionada y lúcidamente la educación
liberadora doquiera que nos encontremos.
Paulo
Reglus Neves Freire nació el 19 de setiembre de 1921 en el barrio Casa Amarela,
en Recife, estado de Pernambuco (Brasil) y partió el 2 de mayo de 1997 de São
Paulo.
Pequeño gran hombre, brasileño
universal, de ojos vivaces y mirada penetrante, con la sonrisa acogedora
siempre a flor de labios. Educador de hablar pausado y dulce, pero capaz de
marejadas de frases cargadas de un furor amoroso cuando se indignaba. Nordestino
afable, capaz de abrazar con todo el cuerpo y el alma, pero al mismo tiempo
provocador insaciable, lleno de curiosidad, desestabilizador profesional de sí
mismo y de los otros “en busca de ser más”.[iii] Un
Sócrates del siglo XX. No es de extrañar, pues, que en 1964 fuera objeto de
“ostracismo” y que los poderosos y sus agentes lo privaran de sus derechos
civiles por ser un “subversivo internacional”, “traidor de Cristo y del pueblo
brasileño” que “con su pretendido método lo que quiere es bolchevizar el país”
y, por si eso fuera poco, por ser un “ignorante absoluto”.[iv] Y todo
esto porque Paulo Freire tenía “sueños de liberación” que les provocaba
pesadillas.
Autor de más de 25 libros,
traducidos a más de 35 lenguas, Paulo fue profesor en las universidades de
Harvard y Ginebra, así como en la Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP) y
en la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo (PUC-SP). Unas treinta
universidades de diversos países del mundo le otorgaron el título de Doctor
Honoris Causa. Y hasta la última vez que nos vimos –que fueron numerosas desde
que lo conocí por primera vez en Lima en 1970, en una discusión a rajatabla
sobre sus principales tesis– nunca percibí un comportamiento arrogante y
desdeñoso con nadie.
Paulo era un hombre humilde,
consciente de que su centro de gravedad estaba en sí mismo, que miraba siempre
directamente a los ojos de su interlocutor. Una persona que invita al otro a
ser persona; un sujeto que invita al otro a ser sujeto. ¿Cómo no recordar a
María Zambrano, la ilustre discípula de Ortega y Gasset, quien nos invita a
reparar en que “si la visión de sí mismo no es directa sino refleja, a través
de un semejante, la libertad es adquirida por medio del otro. Somos, pues, por
otro y con él. Libertad es identidad. Parece que el fin al que la vida tiende
sea la formación de lo que se ha llamado en el lenguaje de la filosofía moderna
‘sujeto’, la formación de un sujeto; y sujeto es identidad. Pertenece a la
esencia trágica de la vida el necesitar del otro aún para la libertad”.[v]
En este sentido, Paulo encarna
bien este apotegma de José Martí: “La mejor manera de decirlo es hacerlo”. Es
decir, la coherencia, la búsqueda de la coherencia entre el decir, el hacer, el
ser y el devenir. Porque obras son amores y no buenas razones. Porque el amor
sólo existe en las pruebas de amor, es decir, en el amor en acto. Lo que nos
lleva, sin pausa, a rememorar una penetrante reflexión –como casi todas las
suyas– del maestro Jorge Basadre, cuando hace 60 años escribía:
“Entendemos que el Perú
quiere una radical renovación. […]. Vemos ambular ejemplares humanos que juegan
con las palabras, simulan creer en ideales, entonan a voces los cánticos de la
liturgia –religiosa, política, intelectual, profesional– pero en lo íntimo son
esencialmente cínicos o escépticos. Un inmenso aparato de mentira convencional
les sirve de guarida y de trampolín. Por más que gesticulen y que aparentemente
les vaya bien, están podridos. Son los venales natos. […]. A toda esa gente hay
que combatirla, pero con el arma mejor que es el ejemplo contrario”.[vi]
Si
hay algo de lo que Paulo siempre estaba orgulloso, era de sus raíces populares,
de su inmersión temprana en el mundo del pueblo.
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